Un Buen día (Parte 1)
Un poco de loción en el cuello, la camisa casual está recién planchada y espera ser utilizada en la cama que, extrañamente, fue tendida. La emoción de verla hizo que saliera 15 minutos antes de lo previsto con lo cual pasar a la florería era posible. Rosas, la opción más clara debido a que su color le hacía pensar en esos labios que besó la noche anterior; esos labios que, de solo pensar en ellos, hacen que su boca tiemble incontrolablemente.
-¿Para la novia?- Un anciano amable, aparentemente el dueño del local, pregunta sigilosamente.
-Algo así, señor- Respuesta con tintes de nerviosismo
-Una flor siempre reaviva la sonrisa de tu enamorada- El señor contestó y sus ojos brillaron como los de un niño enamorado. La nostalgia por el recuerdo de su fallecida esposa lo invadió. Todas las semanas llevaba un ramo de rosas a su casa, con lo cual la señora siempre contestó “¡gracias, eres un amor!” y su sonrisa parecía iluminar al mundo entero.
-Si usted lo dice. ¿Cuanto le debo? - Casi menospreciando lo que le acaban de comentar
-50 pesos, por favor.
El hombre sacó un billete y pagó. El señor abrió una caja registradora más antigua que la radio que escuchaba. Un poco de foxtrot sonaba desde aquella vieja caja y un movimiento del pie izquierdo indicaba la aprobación del hombre. Un poco tardado por la falta de lentes, llegó el cambio exacto y fue entregado sobre la palma derecha del hombre.
-Muchas gracias por su compra. ¿Puedo decirle algo?-
-Claro, digame
-Mi padre me dijo lo que acabo de comentarle, acerca de la sonrisa de su enamorada. Cuando me lo dijo yo iba en camino para ver a una mujer impresionantemente bella, la que resultó ser mi esposa con el tiempo. A mi padre se lo dijo mi abuelo cuando el iba rumbo a conocer a mi madre. Las pocas veces que he citado esa frase, la pareja que se relaciona con esas flores que se llevan de aquí, resulta ser que ambos estarán juntos toda la vida. Entonces le digo, cuando se case con ella, regresará aquí y me contará todo. ¿Trato?
-Trato- Incrédulo dio la mano firme y partió con cierta prisa.
Llegada la hora el hombre llegó al lugar de la cita. Un café de aspecto francés, con grandes ventanales, molduras en yeso y vegetación abundante. Un gran árbol posaba del lado izquierdo de la fachada y su sombra se proyectaba sobre algunas de las mesas que fueron colocadas al aire libre. Personas leyendo el periódico, un french poodle siendo mimado por su dueña, una pareja de adolescentes en lo que parece ser su primer cita y los meseros tranquilos por la falta de clientela en ese momento.
Una suave brisa secó un poco de sudor que el tenía en su frente, agitó un par de veces su camisa y tras pensar un poco, tomó asiento. Pasaron cinco minutos y su nerviosismo cada vez aumentaba, cosa que reflejaba su hábito de morder sus labios. Pidió un vaso con agua, el cual fue entregado al minuto. Tomó un sorbo, los hielos chocaban entre si, colocó el vaso exactamente en el mismo lugar del cual lo tomó porque siempre le ha molestado el rastro que deja el vaso en la mesa. A pesar de su esfuerzo por colocarlo en el mismo lugar, una orilla quedó fuera de lugar, tomó una servilleta y secó el exceso del rastro. El ramo de rosas estaba en su mano, pero pensó esconderlo en su espalda, con el afán de sorprenderla.
-Hola..- Una mano tocó su espalda y la suave voz paralizó su cuerpo. Ella, la mujer que lo volvió loco una noche anterior.
-Ho.. hola. Toma, traje esto para ti- En estado de shock entregó el ramo y pensó en que la sorpresa había sido arruinada.
-Muchas gracias!- La sonrisa que pintó su cara solo hizo que el hombre deseara besar su frente y abrazarla.
Tomó asiento. Su esencia volaba por el aire suavemente y cuando llegó a la nariz del hombre se derritió. No pudo más, tomó valor y la besó apasionadamente. La gente los veía con ojos de ternura, una pareja de ancianos sobre todo e hizo que se tomaran de la mano en recuerdo de aquellos tiempos. El silencio fue impresionante, parecía que el tiempo se había detenido, ni la música del café parecía existir. Terminó, ambos sonrieron y el hombre a 5 centímetros de la cara de ella.
-No puede haber mejor perspectiva que esta- Dijo con una sonrisa gigantesca en su cara. ¿La respuesta? Otro beso igual de magnífico.
Un par de espressos, el clima perfecto, la brisa aumentó su intensidad y provocó que el cabello rizado de ella se moviera libremente. No podía dejar de admirar su belleza. La blanca tez, casi angelical. Su vestido color salmón que no podía quedarle mejor. La música del café amenizó la platica perfectamente; parecía que el foxtrot lo iba a seguir a todas partes. Fats Waller entró a escena y sus sabias palabras por un momento hicieron que el interrumpiera la platica, e hiciera una seña de “escucha”.
You’re the picture, I’m the frame
and life is a dream came true
since you sight and whisper my name
my life is bound around you, yeah!
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