Today..

Regular guy trying to figure out what life's preparing me for. Architecture student, bianconero per sempre, proudly mexican, and a true music lover.
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La lluvia aumentó su intensidad y los truenos no dejaban de caer. ¿En realidad donde caen? En las noticias nunca salen casas quemadas o personas electrocutadas por uno. -“¡Extra, extra!. ¡Hombre desperdicia una gran oportunidad y un trueno lo parte en dos!”. Sería buen título para mañana.”-. 

Una fuerte ráfaga de viento azotó una de las ventanas que ventilan el comedor. Impresionado por el golpe y por la intensidad de la tormenta, se levantó y cerró apresuradamente la ventana. Un poco húmedo quedó el comedor pero era lo que menos le importaba. 

Una botella de tequila yacía en un estante a un metro de distancia del lugar en el que estaba sentado. Estiró su brazo, tomó la botella seminueva, quitó la tapa y un largo trago para ahogar las penas ingirió. Pensó en su ex novia, en cuanto poder tiene todavía sobre el. Los recuerdos son muy buenos, pero las canalladas que cometió, para algunos, son imperdonables. El no era la excepción, pero, de alguna manera no podía dejar ir ese sentimiento. La quería, a veces la extrañaba. ¿Es tonto aquel que por amor perdona? Puede ser, depende de la circunstancia.En algún momento el pensó en dejar todo a un lado para poder solucionar las cosas. ¿Resultado? Nada, ni el intento.

   -¿Vale la pena dar una tercer oportunidad?.- Pensó con tintes esperanzadores.

Nada llegaba a su mente.   

La desesperación fue invasora de su mente de nuevo, mientras la noche caía. Ambulancias sonaban a lo lejos, eso significa que la lluvia por fin ha parado. Buen momento para caminar un poco. Tomó una sudadera, su reproductor y emprendió camino. El pórtico estaba seco impresionantemente, pero al bajar los dos escalones para llegar a nivel de suelo, se veían los efectos de la lluvia. Charcos de un metro de diámetro, algunos vecinos con cubetas sacan agua de sus inundadas casas, maldiciendo una y otra vez por perder muebles y electrodomésticos, niños que, a pesar de las condiciones de sus hogares, jugaban en los charcos, pateandolos o brincando en ellos para salpicar a sus compañeros. El se sintió afortunado de no tener que preocuparse de eso, colocó sus audífonos en su lugar, sin antes revisar cual era el izquierdo y cual el derecho, cerró bien el cierre de la sudadero y caminó hacia la derecha. 

Un parque considerablemente grande y con bastante iluminación estaba a un kilómetro de su casa. Al llegar a la majestuosa reja en forma de arco, con cuatro metros de alto y detalles que semejaban un trabajo de Gaudí, entró como si nada. Un pueblo fantasma tiene más habitantes de lo que visitantes tiene este parque, debido a la hora y las condiciones climatológicas. Un largo camino serpenteado de concreto es rodeado de árboles antiguos y que en esta época son más frondosos que nada, la iluminación corre a cargo de faroles que están a un par de metros sobre el camino; aparentemente uno sirve, otro no pero la poca distancia que hay entre la secuencia permite caminar sin problemas de visibilidad. Una banca de color hueso parecía divinamente iluminada, los faroles que colindaban con ella servían. Tomó asiento en esa banca, sin tomar en cuenta que probablemente estaba mojada. No le importó esa sensación. Solo podía pensar en una cosa, en ella.

De alguna manera ni recordaba llevar su reproductor, y aunque varias de sus canciones favoritas sonaron, no hubo reacción alguna. Hasta que llegó. ¿Nunca les ha pasado que hay una canción que siempre les hará recordar a una persona tanto que sus mejillas sonrojarán? Es que las frases que dicen son tan ciertas, la música ambienta un recuerdo casi fotográfico de su cara y un suspiro expulsan de sus pulmones. Esa canción llegó e Incubus fue culpable.

“There’s something about the look in your eyes, something i’ve noticed when the light was just right. It reminded me twice that I was alive and it reminded me that you’re so worth the fight.”

Un golpe de conciencia le llegó como balonazo justo a la cara. Tenía que encontrarla.