Un olor pútrido porque la fosa séptica se desbordó. No respiro. El sonido de una sirena llama mi atención. El bullicio es poco común. Mucha gente va en camino a casa, en la dirección contraria a la que voy. Un par de empujones sufro a causa de ello. Subo las escaleras y veo una imagen irrepetible. Paso tras paso encuentro miles de parejas, invadiendo lugares poco comunes para pasar el tiempo como barandales o accesos a cualquier negocio. Parece que el paisaje urbano ha sido entintado por un rojo profundo, con vivos blancos o rosados y figuras relacionadas con cupido dan un ligero toque a la contaminación visual. Es el día cuando los globeros y florerías improvisadas aparecen en cada esquina, cuando las empresas de peluches, chocolates, globos, plásticos y papeles se frotan las manos para recibir dinero. 14 de febrero en la ciudad. Y la noche está en su apogeo. Extraña esta sensación de bienestar que tengo. Supongo fue un buen día. El despertador, inútil pedazo de plástico al cual nunca le hago caso y termino por sacar la pila que lo alimenta y alienta a llenar el pequeño cuarto de un chillido imposible de soportar. Tu tono de voz sería agradable oír diario para despertar. Si, después de dos semanas de no saber algo de ti, tu recuerdo sigue siendo recurrente en mi mente. Hoy, un día donde se celebra el amor, no tengo ni ganas de levantarme porque siento que perdí una oportunidad única en este mundo. Espero algún día volverte a ver. Un baño rápido, un pedazo de pan tostado con Nutella y un sorbo a mi café. Camino al trabajo. Las parejas parecen estar brotando del asfalto. Distintos tonos se ven entre unas y otras. Unas felices con una flor para ella y un café matutino. Otros derrochando dinero comprando una docena de globos que, si no fuera por la época, costarían 10 veces menos de lo que ahora. Parece no importar. Increíble pero cierto, en varias ocasiones te sorprendes de cuantas parejas pelean en este día, supongo que la pasión los alborota hasta perder la razón y una ronda de box mental surge entre ambos. Se olvidan que, se supone, es un día donde el amor es festejado. A todo esto no dejo de pensar en esa noche, en ese baile, en esa sensación que casi hizo brotar lágrimas de mis ojos. En resumen, no dejo de pensar en ti. Mientras camino hacia el colectivo, la reproducción aleatoria empieza a complotear en mi contra. Canción tras canción, un golpe al corazón; cada uno marca un moretón que dice “no la pierdas”. Ingreso a las entrañas del transporte, lugar lúgubre donde las ratas habitan cómodamente en millones de metros cuadrados construidos. De la nada, del otro lado de la estación veo ese cabello resplandeciente, que al caminar flota como nubes en el cielo, la luz que proyectan esos ojos de un color único, al que le podemos llamar “café chulo”, iluminan hasta el lugar más recóndito del túnel del metro, y esa esencia que alguna vez me volvió loco y la cual quise conservar en mi nariz hasta el fin de los tiempos, apareció. Ahí estabas, sentada en una banca. Tu tez blanca contrastaba con lo oscuro del lugar y tus rojos labios, por el Labello de fresa, daban una armonía a tu cara con las chapas que siempre tienes en las mejillas. La sorpresa fue tal que solté todo lo que traía en mano y grité como si el eco no existiera y una barrera de concreto nos bloqueara el camino. Grité tu nombre tan fuerte como esas veces en las que te extrañé tanto. Todos me vieron como si estuviera loco, y la verdad si, pero loco por ti. Tu reacción jamás la olvidaré. Esa sonrisa la conocí alguna ocasión. Te tomé de la mano y fue inevitable ocultarla de tu rostro. ¿Locura por amor? Sucede, pero nunca había hecho algo como aventarme a las vías para recortar camino, sin importar cuan riesgoso fuese, cruzarlas como Flash y subir al lado donde estabas. Si me hubiese tardado 15 segundos más, posiblemente no estaría contando esto. Cuando me incorporé, tu cara de preocupación era impactante. Una cachetada fue bien recibida en mi mejilla derecha y una advertencia de “si lo vuelves a hacer y sobrevives, yo te mato” fue un claro indicio de la desaprobación por el acto. Nada de eso importó, solo te abracé con todo el cariño que tenía disponible. Dicen que los abrazos siempre tienen que ser honestos, aquél fue más allá. Dos semanas buscando a esa persona. En el lugar menos inesperado la encontré. -Te extrañé- dije sin ápice de duda. -Te extrañé tanto que no tienes idea- No dijiste algo, solo me apretaste más fuerte, como si quisieras fusionarte conmigo. Al término de un abrazo que pudo ser récord Guinness por duración y emoción, solo me dejé llevar por ti, jalaste mi brazo y me sacaste del metro. Bailar contigo en el parque fue bello, lleno de emociones que ninguno ha podido descifrar, pero el efecto sigue latente. De alguna manera, ir al parque de nuevo, con tu mano envolviendo suavemente la mía, fue maravilloso. Al ver la realidad del parque, en un día como hoy, hicimos una labor titánica por encontrar un lugar donde sentarnos. Una pareja de viejitos nos cedió el lugar, y una sonrisa de ambos nos hizo pensar que no todo es mercadotecnia e hipocresía. Hay parejas, como los señores, que sí celebran el amor, de la manera más simple y significativa, sin importar qué día sea; estando juntos. Muy cerca de donde habíamos bailado sentí tus labios después de una larga espera. Tus manos son más suaves que la seda, y tomarte de la cara para dar un beso lleno de pasión es lo mejor en este mundo. Cuando nos fijamos que la invasión de los globos era brutal, en vez de abrumarnos, reímos por cada cosa curiosa que observamos. Era medio día y jóvenes, en vez de estar en su escuela, ahorraron una pequeña fortuna para llevar a su enamorada a comer algo, arreglos florales iban y venían, parejas del mismo sexo parecían entrar en shock cuando abrían el regalo correspondiente; una de esas reacciones causó una risa incontrolable en ambos. Mientras te tome de la mano y quieras que lo haga, no habrá poder en este mundo que me haga soltarte. ¿Por qué contigo puedo reír de cualquier cosa? ¿Por qué esas cosas simples que nadie recuerda, contigo son motivo de sonrisas? ¿Por qué siento que te quiero tanto en tan poco tiempo? Algo hiciste en mi que ha causado todo eso. Un pequeño bistrot se cruzó en nuestro camino. Famélicos ambos, entramos. Un aspecto rústico, colores cálidos, pósters de licores franceses adornaban las paredes y un espejo enorme creaba un efecto de amplitud al fondo del restaurante. Un poco de música electrónica parecía no encajar en un lugar donde hay velas en la mesa, un aspecto bastante romántico, ¿no?. Nos sentamos y como la noche había llegado, las velas crearon una atmósfera indescriptible. Tus ojos, reflejando esa luz, eran más bellos que cualquier otra cosa en este universo. Cuando te dije “que hermosa luces hoy” tus chapas enrojecieron como tomate y una sonrisa jamás vista salió de tu boca. Tan grande como un puente, tan bella como tu. El mesero nos presionó un par de veces para ordenar; a pesar de tener las cartas en la mesa, por mirar uno al otro y sonreír cada vez que lo hicimos, ni el intento de abrirlas hicimos. Meditamos un poco sobre el pedido y volví a tomar tu mano. Jamás olvidaré aquella noche. Al termino de la cena, solo nos quedaba regresar a casa. El día perdido en el trabajo parecía no pasar por nuestra mente. Ambos seguimos romanceando encerrados en nuestro mundo, sin querer que terminara ese día jamás. La ciudad, a esa hora, parecía entrar en un periodo de pausa. Los vendedores ambulantes desaparecieron a cierta hora; digo, tienen derecho al romance también. Al llegar a la estación donde bajo, te ofrecí llevarte a casa. Pedí prestado a un amigo su automóvil, gracias a Dios es automático y pude sostener tu mano una vez más. Una casa con zaguán verde con un foco iluminando el acceso era el destino. Bajé para abrir tu puerta, saliste con la elegancia que te caracteriza y cuando metiste la llave al cerrojo, uno de los besos más apasionados de la noche pasó. Tan apasionado que marcó una pauta en el mundo del amor, y una estatua harán en nuestro honor. La promesa de retomar el contacto al siguiente día fue el fin de un 14 de febrero imposible de repetir. Lastimosamente el carro de mi amigo no prendió y se quedó estacionado en la entrada de tu casa. Por eso, al llegar a la estación de metro correspondiente, de nuevo, mi sonrisa era impresionantemente enorme. Esas cosas espontáneas tienen un valor asombroso. No lo podía creer, por fin se veía una luz al final del túnel, por fin se abrió la puerta, por fin la oportunidad de ser tuyo se vislumbra. Ahora a seguir. ————————————————— Estos textos siempre han tenido a alguien como inspiración. Afortunadamente he encontrado a una mujer que simplemente ha hecho de mi, como siempre se lo digo, un Pedro Infante 2.0. Juntar todos esos momentos que he vivido a tu lado han llenado de sonrisas este proceso de escritura. Esto es dedicado para ti. Gracias a ti estos últimos 6 meses han sido maravillosos. Gracias a ti puedo creer de nuevo. Gracias de verdad. Te adoro Karen!